miércoles, 5 de mayo de 2010

Un quiebro en el silencio





















El sonido del móvil insistentemente,una llamada,dos,tres,un timbre inesperado,un golpe seco que le hizo levantar bruscamente el pie del acelerador,mirar el cuentakilometros y pisar repetidamente el freno,hasta controlar aquella velocidad excesiva que llevaba.

El pulso agitado golpeando en las sienes,la boca seca y un sudor frío recorría su espalda.Unos metros más, tras haber salvado la curva , paró el coche en el arcén,encendió las luces de avería,apoyó la cabeza sobre el volante y rompió a llorar,primero de maner silenciosa para terminar con un llanto profundo,agónico como si quisiera que saliesen todas las lágrimas que su pequeño cuerpo albergaba.

No sabría decir cuanto tiempo estuvo así ,sólo era capaz de comprender que el móvil ,ese utensilio proscrito para una buena conducción,marcó un momento decisivo en su vida,tras él, aquellos pensamientos que le acechaban ,aquella determinación que traía gravada en su mente, habían desparecido.

Fue un minuto,tal vez menos,la música alegre del tono telefónico, impidió que su coche dibujase una línea recta en una cerrada curva.Una línea recta, que con toda probabilidad habría sido mortal.
Un temblor hasta ahora desconocido,un miedo aterrador invadió su cuerpo,respiraba agitadamente,soltó todo el aire de sus pulmones y volvió a respirar profundamente varias veces,intentando volver a la calma.

Permaneció quieta,mirando la oscuridad con los ojos entornados,hasta notar que sus manos respondían las ordenes que su cerebro dictaba ,entonces,cogió su bolso mal cerrado ,colocado descuidadamente sobre el asiento posterior, como siempre, y lleno de todo tipo de cosas;el libro que estaba leyendo,la agenda,la bolsita de maquillaje,la botellita del agua,un espejito que compró,una mañana soleada de hacía ya unos años, paseando por Montmartre,un montón de bolis,y bajo de todo ello,como escondido de sus proeza, el móvil.

Lo observó, como si fuese la primera vez que lo veía y lo sostuvo en sus manos sin atreverse a levantar la tapita morada.¿Quién habría llamado de manera tan oportuna? ¿Quién con aquella llamada la había retenido en una vida de la que ella huía a pleno motor?
Con suavidad,como si de una caricia se tratase, su dedo índice dejó al descubierto la pantalla; 3 llamadas pérdidas ,MAMÁ.

2 comentarios:

esco dijo...

Quien iba a ser si no, siempre tan oportunas...para todo. Sobre todo para cuando más las necesitamos. Este relato bien sería un homenaje para el día de la madre. AH! y gracias por salvarla.

Victor dijo...

Genial, de madre no hay mas que una...

Felicidades