martes, 4 de mayo de 2010

Matías o la nostalgia del café










Si existe tal posibilidad,las frías y blancas paredes de la iglesia,aún guardarán,impresos en ellas, los golpes sordos, que Matías daba en su pecho.En el siseo del rezo,acompañando a las palabras casi ininteligibles del yo pecador,entonando claramente, eso si, el mea culpa,aquellos golpes estremecían la sala.

Las cabezas de los más pequeños se volvían hacia atrás,los ojitos vivarachos intentaban aprehender la figura un tanto desgarbada y ya encorvada por la edad de aquel hombre, que entraba en la iglesia siempre cogido del brazo por su hermana ,que en eso de la edad,le andaba a la zaga.

Todos los pueblos tienen uno,a veces algunos más, Matías era el nuestro,el inocente del pueblo,en aquellos tiempos en los que no se hacían adaptaciones educativas ,ni siquiera posibilidad de educación había,asi sin más adjetivos.
Nacían inocentes y asi morían.Su único referente,la familia.

Poca vida social tenía, quizás por su edad ya muy avanzada,ir los domingos a escuchar misa,hacer algún recado para alguna de sus hermanas dependiendo de la que lo cuidase aquella semana y correr tras algún muchachillo,que también en su inocencia,trataba de sacarlo de tino.

Matías sobrevivió a sus hermanas,pero ya alejado del pueblo,en una residencia para ancianos o geriátrico,palabra, que aún no sé porque, me gusta apenas nada.
Un día escuché que había muerto y sentí lástima,a penas lo conocía y nunca lo traté ,pero si me reconozco en aquellos ojos vívidos que lo escrutaban para ver si se había roto el pecho con aquellos terribles golpes que se daba.

Creo que la mía fue una pena compartida ,silenciosa, entre los que fuimos sus vecinos.Había muerto alguien que casi nos pertenecía y con él, murió una parte de esa historia de pobreza y oscuridad u oscurantismo que hemos arrastrado durante tantos años .

Hoy desde el sofá y con potente foco eléctrico,veo danzar a aquellas personas,que se esconden ,que se alejan,que ya no están y el sabor de mi café,una vez más ,como siempre,recoge aromas de nostalgía

4 comentarios:

Elena dijo...

Nos queda recordar a Matías con una sonrisa en los labios...cosa que no todo el mundo que se va consigue en los que se quedan, aunque todos se golpeen el pecho...siempre ha habido hipócritas en la vida, y muchos, que no los Matías de los pueblos, se partían el pecho en las iglesias con sus buenas vestiduras y abrigos caros...¡um, que rico café con nostalgia!...bss Dafne.

El Éxodo dijo...

A menudo los más inocentes son los únicos que, sin serlo, señalados y humillados por muchos por el hecho de ser diferentes, terminan por considerarse a sí mismos culpables. Qué bestias que somos los seres "humanos".

Abrazos.

Angélica dijo...

La misión de estos "Matias" de cada pueblo puede ser recordarnos q no importa la edad o cuanto logremos tener en nuestras vidas, en este camino todos nos haremos viejos, quizás algunos estemos destinados a ser el reemplazo de los típicos "Matias" de nuestros pueblos...

macuera dijo...

Muy bonito Rous, me has hecho recordar a las personas mayores que ya no están con nosotros, aquella concretamente que con mayor presencia recuerdo porque fue la que me dejó cuando yo era más madura y que con mayor claridad, recuerdo sus momentos. Siempre te queda el sabor de no haberle dicho alguna palabra o haber hecho algún gesto pero donde quieran estar, no nos abandonan del todo, siempre tendremos su recuerdo, entre un café, una lectura o un buen vino.