domingo, 24 de mayo de 2009

La QuInTa PlAnTa




Avanzaba por la serpenteante carretera, a esa hora de la tarde en que los grises hacen su aparición y los calores del asfalto nos difuminan las llegadas como si fuesen fantasmas, pensó en la necesidad de hacerse más visible para los demás y le dio a la palanca de las luces en aquel coche aún seminuevo.

A ambos lados,la vegetación crecía de alegre y verde primavera, aromáticas, pinos ,palmito ,no en balde se adentraba hacia la sierra, concretamente Porta Coeli,indicaba la señalización de carretera, "puerta de cielo", merecido nombre por la belleza del lugar.

Muchas veces había, pasado por aquella zona de recreo, incluso en alguna ocasión había caminado con excursionistas en busca del precioso monasterio de los cartujos ,dueños y señores de amplias extensiones de naranjos,manchas de regadío en un paraje de bosque .Era fácil verlos pasear,destacando con su vestimenta blanca y sus capuchones en el verde y rojo de las montañas.

Otras, las menos afortunadamente, había recorrido el camino para visitar a algún enfermo que se encontraba en aquel hospital , al que ahora se dirigía.En esta ocasión no se había detenido a mirar nada más, solo tenía presente un número de habitación.

Hoy, no había ningún motivo concreto o tal vez si, iba de "voyaguer" quería observar sin ser vista ,para poder disfrutar ,pensar en lo que le habían contado e imaginar.

Hace ya casi un año, en una tertulia de amigos y conocidos ,el anfitrión, contestaba a la pregunta que le hacía uno de sus jóvenes invitados a cerca de la cicratiz que llevaba en el cuello.
Relató que era la marca de un catéter que llevó durante muchos meses, de casi desahucio, afectado por una extraña dolencia que se presentó de improviso.

El, un hombre joven de unos 40 años se encontraba disfrutando de una plácida tarde de cine ,cuando al acabar la película, notó que le recorría un hormigueo molesto por la pierna ,al ponerse de pie para abandonar la sala, se hizo más patente ,impidiéndole incluso conducir su coche de regreso a casa .

Aquella sensación lejos de desaparecer fue en aumento, se extendió a los brazos y al resto del cuerpo después,dejándole postrado en la cama. Hasta el habla le quitó. Extraña enfermedad la que le aquejaba ,apenas conocida por la medicina actual.
Como la recuperación se hacia larga fue trasladado a un hospital situado a las afueras de la capital en una zona de montaña, tranquila.

El equipo médico albergaba pocas esperanzas de que el resultado del tratamiento fuese satisfactorio. Nunca le trasmitieron tal información pero en alguna convesación a media voz entre las personas que visitaban la habitación ,pudo captar funestas previsones para su futuro.
Su sentido del oído permanecía intacto ,esto a veces, hacia aún más dura aquella situación agónica.

Los médicos terminaron por dar con el tratamiento adecuado o su cuerpo perezoso, decidió responder a él ,lo cierto es que empezó a recuperar movilidad y pronto pudo abandonar la cama y pasear en su silla de ruedas por los amplios y solitarios pasillos del hospital.

Con el ascensor como aliado, recorrió todas y cada una de las plantas del edificio. Pronto la curiosidad le llevó a preguntarse que habría en la planta quinta a la que no se podía acceder.A sus preguntas ,el personal sanitario siempre respondía con lapidarias frases:no está en uso,cuando haya presupuesto se harán las reformas... Irremediablemente el viaje siempre acababa en la cuarta.

A lo lejos ya se veía recortada entre la verde vegetación, la silueta del hospital,
las últimas visitas parecían escapar a toda prisa ,antes que cayese la noche cerrada, como si al marchar borrasen tambíen la historia de dolor y sufrimiento de aquel enclave, cárcel durante la guerra civil y leprosería más tarde.

Mientras, como si el edificio tuviese vida propia, tornóse faro destellante, atrayendo a quien se despistase en la negrura de la choche y recordando que era guardián de vida ,pero también de dolor y muerte .

Dejó el coche aparcado en la parte de atrás habilitada para tal fin.
Cerrando la puerta recorrió con atenta mirada, la fachada principal de aquella construcción,cuyos entresijos tanto la inquietaban. Efectivamente cinco plantas ante ella.
Se detuvo especialmente en la última.
Las persianas de madera oscura,deterioradas por la acción de las inclemencias atmosféricas, permanecían a medio bajar, algunas incluso mostraban ese desequilibrio producido por la rotura de la cinta que sujeta en lineal armonía los listones.Por aquellos estrechos ventanucos, los cristales no devolvían luz del interior.
Definitivamente, la quinta planta parecía una rémora del pasado, nada que ver con las modernas ventanas de las plantas inferiores.

Sin dejar de observar , se preguntaba ,que oscuro secreto albergaban aquellas paredes o que realidad latente esperaba para mostrarse.
Ella no lo sabía pero tenía intención de averiguarlo.

1 comentario:

El éxodo dijo...

¿Continuará?

Abrazos.