lunes, 20 de julio de 2009

El ladrón de Sueños

















Cuentan y dicen que el mundo esta triste, enfermo, agonizante.
Crecen las flores, verdean los árboles revolotean los pájaros…pero los hombres, las mujeres y niños, ya no disfrutan con su visión como lo hacían antaño.

¿Qué les ha pasado?

No hay brillo en sus miradas ni ilusiones en sus vidas.
Les han robado los sueños.
Un malvado ladrón, se los llevó, quien sabe si para siempre.
Primero les quitó la posibilidad de soñar despiertos. Dejaron de pensar las gentes, en un mundo mejor, sin miserias, hambrunas y pobrezas , en días de ríos limpios ,mares azules y aires respirables.
Después poco a poco,dejaron de levantar la cabeza de la tierra para mirar al cielo ,a las estrellas y la luna y desear ,anhelar...
Cada vez ,las personas,estaban más irritados, desmotivados y tristes. Como máquinas automáticas actuaban, enfrascados en sus rutinas y quehaceres habituales.

Pero aún les quedaba la posibilidad de soñar cuando dormían ,eran sueños que a diferencia de los otros ,ellos no controlaban ,llegaban y se iban,pero aún así, les permitían evadirse de su cotidianeidad.

El astuto ladrón,empeñado en llevarselo todo,también les robó estos sueños. Nadié se libró de sus hurtos,ni siquiera los jovenes o niños.
Recogió en su saca blanca sueños con sabores de chocolate y vainilla, noches mágicas de reyes, anhelos de enamorados...

Hay quien dicen que la oscuridad de la noche lo vieron huir ,e incluso oyeron su risa malvada,mientras les arrebataba a las gentes la capacidad de soñar propia del ser humano,conviertiéndoles en no se sabe bien que extraña criatura.

Alguien sumido de la más grande de la soledad y tristeza murmuró:allá va el ladrón de los sueños.

1 comentario:

Artal de Luna dijo...

Soñar, soñar despiertos. Qué afición tan grande le tuve durante décadas. Con el tiempo, con los fracasos, las derrotas y las batallas perdidas me abracé patológicamente a esta afición/costumbre. Siguieron las derrotas, los restos hediondos de campos de batalla perdidas y efectivamente, tan patológicamente los vivía que la doctora Peña dedició que era necesario extirpar esta patología en la que se convirtió el soñar despierto. Al final también yo empecé a verlo como una fea costumbre, depósito de amargos recuerdos de cosas sin vivir. Los otros sueños, nunca fueron tales, básicas pesadillas para minar un campo de paso.

Recupero en pequeñas dosis siempre siguiendo la prescripción facultativa de la doctora Peña, algunos instantes de sueño despierto y eso, "¡Al ladrón!" grito yo también, viendo su estela corriendo por la tele en los noticiarios, y en muchas de las páginas de periódico que leo casi a diario mientras tomo el primer cortado de la mañana.