Pequeñas historias de nuestros grandes y únicos días... Recuerdos,ideas,reflexiones que llenan mi vida.
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domingo, 6 de marzo de 2011
martes, 28 de septiembre de 2010
Mi padre,el tejedor de sueños

Y leí que ya estaba acabada la manta de crochet,la manta de ganchillo de toda la vida,y leí que "lo bueno de una manta, más que aportar calor, es conservar al que se refugia bajo ella, ser cómplice de besos intercambiados, dar cobijo al cariño que se entrega durante las noches más frías..."
y yo pensé,en el cariño, en la complicidad,en la ternura.
Y yo pensé, en mi padre,no porque el tenga una manta de crochet o sea tejedor de ellas,pero si,porque es sabio en el manejo de la urdimbre para crear ilusiones y fantasías.
Mi padre narra la vida, como una historieta, un cuento, es el mejor tejedor de sueños que conozco.
La manta de crochet, me hizo recordar a aquella otra ,que mi madre tenía en su cama de matrimonio,era de color amarillo con rallas horizontales azules,todavía existe ,ya muy viejita usada para otros menesteres, que no son ni el abrigar ni dar cobijo.
Recordé la manta,pensé en mi padre y los juegos que inventaba cuando yo era muy niña,tanto, que me sorprende poder recordarlos aún .Eran los tiempos en los que iba a su habitación,me subía en su cama y ya estaba preparada para jugar, era mi padre el motor de los juegos,su juego preferido ,los viajes, y siempre terminaba diciendo aquella frase:-¿Vale que íbamos en tren?,mi respueta siempre era:- vale.
"-Chaca-chaca-chaca.....piiiiiiiiiiiiii piiiiiiiiiiiiiiii ,la locomotora se pone en marcha lentamente, empieza a echar humo.Nosotros estamos sentados al lado de la ventana.
El tren empieza a coger velocidad,mira los árboles que rápidos pasan,mira las casitas,llegamos a un pueblo y el tren parará en la estación .
Se oye la voz del jefe de estación:-¡pasajeros al tren!
Reanudamos la marcha cada vez más rápido,cada vez mas rápido.
Chaca-chaca-chaca...
Pasamos por un puente muy alto,debajo un río que se ve pequeñito y una curva,otra a la izquierda, una recta.
Mira,allá a lo lejos se ve un túnel largo largo..."
Esta era la parte del viaje que más me asutaba, porque mi padre simulaba el túnel poniendo la manta sobre nuestras cabezas,a modo de una bóveda de piedra.La longitud del túnel,por tanto el símil de la manta, variaba, dependía de mis nerviosos o el miedo que me diese pensar en estar tapada totalmente.Si me asustaba ,bajaba la manta y el tren volvía a circular tranquilamente por una vía recta.
Esto podía repetirse tantas veces como energías tuviese yo o como paciencia mi padre. La máquina arrastraba los vagones otra vez a la luz y yo con ellos. Volvíamos a ver un paisaje imaginario en las paredes de la habitación , campos, un rebaño, un perro, que ladraba ,el pastor que silbaba para reorganizar a las ovejas.
Me volvía a sentir tranquila y ya empezaba a desear el momento de adentrarnos otra vez en el largo túnel ,y de pronto era yo la que decía:" -¿vale que llegaba otro túnel?..."
Sigo recordando ese juego,donde compartía con mi padre su ternura,y toda su fantasía, incluso cuando entrabamos en aquel túnel, que debían simbolizar todos los miedos del mundo y los mios propios, para mí nunca fue tan oscuro ni lóbrego, sino de un cálido amarillo.
Siempre sentí el calor protector de sus brazos ,que me daba seguridad ,e imagino que por esa reafirmación de mi fuerza ante las cosas o situaciones que me asustaban , insistía una y otra vez en subir al tren y entrar en el túnel.
Al escribir sobre ello, enlazo una estrella más a esa manta invisible que voy tejiendo con mis relatos y evocaciones,urdimbre de sensaciones,recuerdos hechos letra,una manta, que me arrope en los días solitarios, una manta que, me impida olvidar,lo que los años se empeñan en llevarse.
Este relato surge,tras la lectura del post sobre la manta de crochet de ISORA y el comentario,que de él, hizó, el CHIADO
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lunes, 20 de septiembre de 2010
ÉrAse Una VeZ...

Érase una vez, una niña con carita de manzana fresca y dulce a la que el sol dejó dorados en sus cabellos y las ninfas del mar regalaron el nombre.
Érase una niña alegre,vivaz,rápida,más incluso,que su propio pensamiento.
Érase una niña, que peinaba trenzas, porque como si fueran alas,le permitían correr más libre en sus juegos,y jugaba y jugaba... hasta caer rendida.
Érase una niña ,que pintaba nuestras vidas con flores,mariposas y soles,érase una niña,pintora de caballete y lienzo.
Érase una vez, una niña que cantaba ,que bailaba,que quería ser música.
Érase una vez, una niñita con carita de manzana dulce y fresca, que peinaba trenzas con lazos rojos, que abandonó en algún parque de su niñez, mudándolos por silencio adolescente.
Érase una vez una adolescente,que se miró al espejo deformado de sus miedos,su timidez,tal vez su soledad...
Érase una adolescente, que no se vió como la veíamos,preciosa, alegre,equilibrio,futuro... y flirteó peligrosamente con la comida.
Érase una vez, un espejo embrujado que la atrapa por instantes,del que a veces escapa.
Érase una vez, una adolescente silenciosa con dorados de sol en sus cabellos,érase una vez, una niña alegre, que canta...érase una vez una adolescencia.
Érase una vida en la que la adolescente y la niña con carita de manzada dulce y fresca, que peina trenzas con lazos rojos, se encuentran,se abrazan ,nos abrazan.
domingo, 25 de abril de 2010
Pepe el Manquillo

Pepe el Manquillo,se ha aburguesado,si esa palabra existe todavía en esta sociedad y si es así como se les llama a los pobres, que han ascendendido de nivel económico.
Me contaron que Pepe,había hecho grandes negocios en el sector de la construcción,en aquel tiempo no muy lejano ,en el que se vendían pisos como rosquillas,que le fue bien y ahora era un hombre, sino millonario,cosa difícil en la económia del euro,si muy bien situado.
Hace mucho que no lo he visto,seguramente no lo reconocería al cruzarmelo por la calle,su recuerdo quedó atrás, en una niñez cada vez más lejana.
Muchacho larguilucho de pelo rojizo y rizado,con todo un mundo de pecas en la cara.
Vestía un poco a la suya,o a la de sus hermanos,ya que era el menor de una gran prole,que iba pasándose la ropa,a veces sin prevía adaptación.
Sus pantalones eran de una tela indefinida o no identificada por mi,con unas perneras que le llegaban por encima del tobillo,descubriéndonos unos calcetines de exótixos colores;verdes,rojos,a rallas y unas largas zapatillas de tenis azules.
Pepe era ese amigo libre, que a buen seguro muchos de nosotros hemos tenido, que no se incluía dentro de una cuadrilla concreta de niños,se acoplaba a unos u otros según sus días e intereses,pero que estaba a bien con todos.
Más mayor que nosotros ,siempre asumía el mando,o tal vez lo delegabamos voluntariamente en él,no lo recuerdo ya,sobre todo si era Domingo ,entonces, se convertía en enviado de los Hermanos Lumiere,sacaba su Cine -Exim y pasábamos la tarde en el tele-club mirando las imágenes que salían de aquella maquinita color naranja.
En palabras de mi madre,académica de la lengua de la vida con sillón letra L mayúscula ,Pepe se pasaba todo el día a la dula ,o era adjetivado como "vallejero".Yo diría que sabía encotrar huecos para escapar del control familiar ,había en su casa tantos para controlar ,que él disfrutaba de unos horarios más flexibles que los nuestros,para jugar y seguramente para aprender por su cuenta.
Su segunda casa ,la iglesia,allí también tenía una pequeña parcela de poder,el que le permitía el viejo sacristán en cuyas labores ayudaba.
Voltear las campanas,abrir el armario de las casullas del señor cura,beberse el vino, comerse las formas todavía sin consagrar o tocar el viejo armonio, que aprendió a manejar de oídas y por supuesto ayudar a celebrar las misas .
Pepe se investía de poder religioso con aquellos trajes de color rojo y blanco,con olor a iglesia,mezcla de cera e incienso,sus ropas de monaguillo,eso si,siempre dos palmos más cortas de lo debido, que dejaba ver en escalera multicolor, todo el atuendo que llebava debajo y aquellas ya familiares zapatillas azules de tenis.
domingo, 19 de octubre de 2008
EL AROMA DE LAS MANZANAS

Como cada otoño, repito hasta la saciedad que no me gusta esta estación y muchísimo menos el invierno , pero sinceramente tengo que reconocer que el motivo es que me lleva a la nostalgia y que si no me esfuerzo un poco, me llevaría a la tristeza .
No obstante le reconozco al otoño algo maravilloso, el aroma, sobre todo el de las manzanas asadas.
Me gusta tener manzanas en casa , asarlas y comerlas...pero me gusta sobre todo el aroma que sale del horno y se extiende por todos los rincones, un olor dulce ,tibio…
Así pues para mi, Septiembre trae aroma a manzanas …y el color amarillento ,el color de mis recuerdos…
Debes ser que el aroma ejerce como potente activador de mi memoria y me hace regresar a otros momentos de mi vida , momentos de una época de niñez, que ya desde mi madurez añoro…
Tengo añoranzas de esos tiempos, de mi pueblo ya abandonado hace tantos años, de aquella casa en la que viví los primeros diez años de mi vida, aquella casa situada al fondo de un callejón, que mi madre siempre tenía limpio, recién barrido y regado a mano, como hacían las mujeres antes en los pueblos .
La recuerdo de parte mañana metiendo la mano en le cubo de agua fresca y regando la calle. Cultivaba geranios , claveles ,que colgaba en cualquier maceta o lata y unas plantas llamadas “mampedros”, que surcaban todo el estrecho carrerón…ello hacia que aquel rincón no pasara desapercibido para nadie que subiese por la calle .
Aquella casa , pintada de blanco , con los marcos de las ventanas azulados, y la puerta no barnizada, sino pintada con una especie de pasta terrosa que le daba un color marrón rojizo .
Mi casa, allí en la calle Del Barranco, tenía personalidad , años y atesoraba vivencias suficientes para protagonizar una historia.
Era una casa de pueblo, la entrada, escaleras, primer piso, escaleras y la cambra , chimeneas en el segundo y tercer piso y sobre todo un mundo mágico de estancias sin nombre a las que se llegaba desde la cuadra bajando por un pasadizo hasta llegar a una especie de cueva en el fondo de la casa, a la que por supuesto mi madre me tenía prohibido bajar…pero que yo tuve que visitar ,porque guardo en la memoria las imágenes de todo aquello.
Ventanas no demasiado grandes desde todos los pisos a las que yo me asomaba ,sobre todo la de la del tercer piso ,que era mi preferida,la llamabamos “la “cubierta” ,si me subía a una silla, podía ver mejor las montañas, sobre todo una muy curiosa con forma de mujer que la llamaban “Jesusa”,la carretera ,los coches pero sobre todo ,el autobús de línea que iba a Valéncia y el rio, el Túria , con su ribera de chopos .
En la entrada del pueblo una casa señorial de dos plantas que tenía nombre propio “el chalet” ,que luego con el paso de los años y ya abandonada nos mostró en uno de sus laterales antiguas pintadas repúblicanas, un poco mas adelante el abrevador para los animales, siempre había algún caballo ,mula o burro refrescando..los campos de huerta estaban a ambos lados de la carretera de entrada .
Todavía hoy veo a mi padre con su rebaño de ovejas de camino a los corrales que estaban un poco más arriba , por la senda de detrás de la Venta o antigua posada, el camino se hacia cada vez más angosto ,rebasando la antigua cueva del” tio Abelino”,que a saber quien era aquel señor ,tendré que preguntárselo a mi madre, para saber si ella sabe algo.
Otras veces si mi padre pasaba no muy de noche, iba con mi madre de la mano a esperarlo y lo acompañabamos hasta cerrar las ovejas para luego volver todos a casa con el perro, un perro, pastor, así se llamaba , por su oficio, y por originalidad de mi padre para poner nombres, claro.
Pastor era un perro joven,y lanoso, que había sustituido al ya viejo y fiel Moro, un perro de color negro,que impresionaba, ya he dicho que mi padre era muy originalen los nombres.
La casa, como veis tenía una vista panorámica ,diríamos ahora, en cinemascope y creo que también tenía sound round,…
La disposición de las casas de estos pueblos tan antiguos como el mio, unas sobre otras ,hacía que aunque estuviese muy arriba pudiese ver las cosas ,las casas y las gentes del pueblo fácilmente.
Y de sonido , estaba genial, como ya de dicho, aun recuerdo a mi abuela que varias calles más abajo se asomaba a su ventana , me asomada a la mía y me gritaba para que me apartase de la ventana o del balcón, porque también lo había.
Que decir de aquel balcón maravilloso y muy muy peligroso según decían los mayores que me rodeaban, no podía asomarme a él por la altura y sobre todo porque se apoyaba según se veía por abajo en un entramado de hierros y cañas ya muy estropeadas, así que pocas veces cuando estábamos en el comedor pude asomarme a él.
Lo sorprendente es que muchos años después aquel balcón que siempre amenazó con hundirse permanecía entero.
Todo estaba alto en aquel pueblo, mucho para una niña que estaba constantemente vigilada y oyendo baja de ahí que te puedes caer, quizás sea por eso ,que después desarrolle un vértigo enorme,¡ ay abuelita, con tanto sermón!
Lo cierto es que aquella ventana me descubría un mundo maravilloso a lo lejos, y por descontado también a lo cerca, porque justo debajo, estaba el tejadito de un vecino que atesoraba algunos tesoros maravillosos que mis manos traviesas habían ido lanzando a él y ahora deseaba recuperar…
Brillaba sobre todo un zapato de mi madre, con tacón de corcho y cuña que este verano pasado hubiese hecho furor..y una muñeca, allá, justo enganchada en una de las ultimas tejas, tesoros inalcanzables y deseados tesoros como estos pequeños recuerdos ahora evocados ,talvez, solo tal vez, por el aroma, el aroma de otoño, el aroma de manzanas asadas.
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