
Cerré el libro y también los ojos.
Las dejé resbalar por mis mejillas, no dolían, no quemaban, eran mis lágrimas ante lo que me es inabarcable ,inalcanzable y muchas veces inexplicable.
-¿Lloras?
-Si.
Surcos al filo de la nostalgia, lágrimas de lo bonito, de la belleza, de lo leído…
Reverencia muda a las letras preciosamente ensartadas, a la invasión de sentimientos, sensaciones y evocaciones que me provocan.
Abracé el libro,en un inconmensurable gesto de amor.
Traté de poseerlo,pero una vez más él me había atrapado a mi y no pude hacer nada, más que dejarme llevar…
y lentamente las dejé fluir.