
Es la luz mediterránea que me sorprende cada día.
El intenso azul del cielo.
El verde de los naranjos cuajados de azahar, que misericordes me envuelven en su aroma avivando mi espíritu.
No hay juegos de palabras, ni mezclas cromáticas en paletas de pintor, capaces de plasmar esa sensación de primavera que siento este Mayo.
Este renacer, cercano a mi, en las flores, en las plantas, en los vuelos bajos de las golondrinas con sus picos embarrados, constructoras de vida en los aleros de mi casa, en mi misma.
Despierto de ese sueño de frío, lluvia y noche, ese letargo invernal que impele a la calma y quietud tan difícil de romper.
Respiro lentamente, llenando mis pulmones, casi exagües , de nuevos efluvios.
Vistiendo mi piel con nuevos colores.
Instantes fugaces, como el vuelo de una mariposa , que intento atrapar una y otra vez, lo hago ahora y lo he hecho año tras año a lo largo de mi vida.
Guiada por la suave brisa acariciante regreso a otros días, otras edades, otras tardes que huelen a lo mismo en mi recuerdo.
Primaveras de rosas rojas, de verde claro de los chopos, estallido grana de claves y sobre todo ,ese permanente e imperturbable aroma a azahar