sábado, 11 de febrero de 2017

AMADA

 
La leña arde con fuerza, un fuego vivo anaranjado con hebras rojizas crece en la chimenea, la sala alcanza un calor excesivo ,en ocasiones asfixiante. La misma sensación de aquella tarde.No sé muy bien de donde procedía aquel calor,no recuerdo exactamente mucho de la estancia y apenas ya las caras de las personas que allí estaban.

Quiero imaginar, que el foco de calor, emanaba de una estufa de hierro colado ,de las que he oído decir, que podían llegar a  ponerse de rojo candente, si animados por el frío del exterior ,se cargaba de leña sin parar.
Y digo quiero imaginar, porque ese, es el tipo de estufas, que he visto en todas las casas de la aldea. Yo las recuerdo siempre apagadas, porque  mis visitas en la edad adulta siempre han sido en verano y para entonces, estaban limpias y preparadas para los duros inviernos castellanos, que yo solo conozco, de escucharlo  a mi padre.

 Debía ser una tarde fresca  de primeros de Mayo y recién llegados  a aldea paterna. Fieles a la cita de todos los años, la familia  se movía en trashumacia, siguiendo los pasos de mi padre,pastor de oficio. Mientras él, subía de vereda desde el reino,que así es como denominaban los pastores a las tierras valencianas, hacia  Castilla, donde los pastos se mantenían más frescos en los meses de calor,mi madre, las maletas con la ropa y  dos niñas pequeñas cogidas de la mano hacían sus recorrido en autobús.
 Llegábamos puntualmente  en el autobús de las 17.30h ,La Rápida.Contaban, que salía y llegaba puntualmente,haciendo gala a su nombre.A nosotras, tanto nos daba, llevábamos horas de viaje,esperas y trasbordo de autobuses.

Poníamos pie por fin en tierra firme,dispuestas a pasar los últimos meses del curso escolar ,el verano y el inicio de Septiembre. Así fue durante unos años.
Mi madre diligente,habría dejado la maleta en la casa y se encaminaba a buscar a la maestra para conocerla y  plantearle la situación.Había que buscarla en una casa de la aldea,la de la señora Visitación,donde se quedaba toda la semana.
Todo novedades;el viaje,nueva escuela,nueva maestra.Alegrías y sorpresas.

Una puerta de madera,que solo con empujarla te permitía acceder a un patio descubierto.Seguidamente, una puerta con la parte superior abierta, te flanqueaba la entrada a la casa con una sola indicación proveniente del interior,"pasad".Una vez dentro, surgía a la derecha una escalera, que te llevaba directamente al origen de la voz, al comedor.
La señora Visitación y su marido Simón estaban sentados, sus rostros ,dos puntos de blancura en la estancia, apenas iluminada con la luz proveniente del exterior.Siempre los conocí mayores,como detenidos en una edad indeterminada. Apenas nada logro rescatar de aquella negrura.El rostro blanco y flácido de Simón,el bastón rústico de madera,entre  unas manos blanquecinas que jugueteaban con él.El pelo grisáceo de Visitación, su vestido, en tonos grises y negros,lo que se llamaba vestir de" medio luto". Muchas de aquellas mujeres empezaron vistiendo de color negro por la muerte de algún familiar  siendo jóvenes, y fueron enlazando muertes  y negros...Jamás se pusieron  algo de otro color. Repartidos sobre las sillas de la sala,  pequeños flashes de color,los cojines, que tantas veces vi después en otras muchas casas.Cojines con flores de ganchillo en colores alegres.Un tapete sobre la mesa con idénticos adornos florales.En la aldea había muy buenas manos para las labores de ganchillo y tardes largas de invierno, que dedicaban a esta afición.

No sé cuanto tiempo permanecimos allí, ni de que hablaron los adultos.Yo sólo esperaba ver aparecer a la maestra, pero pronto nos enteramos que aquella tarde Amada,así era como se llamaba,había marchado a su casa. Sería al día siguiente cuando la conoceríamos.La joven y bella maestra de piel sonrosada y larga melena.La musicalidad de su nombre seguía sonando en la sala:Amada...Amada...
No sé si será cosa de niños o de la niña que fui yo, pero en mi imaginario, todas las maestras eran como mi Doña Teodora, la dulce maestra de los pequeños,con gafas y  pelo cortito, con algunas líneas ya plateadas, cuya fina  voz, todavía recuerdo. 

 Aquella tarde ,hacía calor,tanto que la atmósfera era opresiva por la falta de oxigeno,pero esto solo parecía notarlo yo.
A veces, frente al fuego tengo esa sensación excesiva, que logra retrotraerme a aquella atmósfera .La sala,la luz de mayo penetrando por los cristales del balcón,Simón silencioso,la voz metálica de Visitación,la ilusión por ver aparecer a la maestra,la desilusión de saber que no estaba...
Todo puede  desaparecer en unos instantes, lo que tarde en abrir la puerta del salón, para que entre una bocanada de aire fresco..
Hoy quizás controle esta sensación que siento y se queden conmigo un poco más,justo hasta que baje el fuego y todo acabe difuminándose en pequeñas volutas de humo.

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