miércoles, 17 de diciembre de 2008

El que quiera polvo que vaya a la era….

¿ Y dónde creéis que estaba yo? Pues precisamente en la era, con un sol de justicia y sin sombrero, no me molestaba el calor ,estaba contenta sentada al lado de mi primo, encima del trillo, deslizándonos sobre la parva, después de comer debía estar hecha para aventar y sacar el trigo .
Vuelta tras vuelta las piedras de pedernal, iban cortando las doradas espigas tendidas en la era, mi primo ya sabía cuanto tiempo era necesario. Sobre la dos, acababa aquella especie de rodeo a la española, era el momento de recogerla en una hilera y esperar que soplase el viento…


Ya no se trilla en la era, y no se genera ese polvillo que soltaba la espiga al ser machacada…ya no se aventa ni aun cuando hace aire…aunque si hay que aprovechar el viento favorable cuando nos da en el rostro.
Yo aventé …y procuro aventar cuando me sopla un viento favorable...ese es el momento y no otro.


La trilla, era una de las cosas que a mi me parecían más divertida de aquellos meses estivales,los que pasaba en la aldea de mi padre aprovechando que el hacía la transhumancia, pastor transhumante…pocos quedan, algunos de ellos están en mi familia, aportación “gloriosa” que hacemos a la etnología
Mis pocas obligaciones , me permitían tener tiempo libre para perderlo y perderme, aunque no soy de perderme mucho ,yo siempre a dormir a casa.
Fielmente seguía a mis primos, trabajaban duro, aunque su trabajo era considerado, "tareas menores"; cuidar los animales. Por las tardes había que echar la comida a las gallinas, que vivían a su libre albedrío todo el día hasta el atardecer, se las veía por las calles y sembrados cercanos, era toda una aventura buscar los huevos en sus ponederos. Recuerdo la cesta donde mi prima ponía el trigo recién sacado del atroz, gozar de su frescor al meter los dedos en aquel tesoro dorado ,mientras lo espaciamos por el suelo para que lo picotearan.


Otro de los quehaceres diarios era preparar la comida a los cerdos, ilusos ellos que no sabían que estaban a pocos meses de su San Benito, menudas fiestas familiares se hacen a su costa, desde el mismo día de la matanza, que ya reunía en torno a él a mucha gente ,hasta saborear en los meses de verano, aquel jamón rosado que mi tía ponía en la mesa en los platos blancos de porcelana con su ribete azulado, acompañado de una hogaza de pan que había amasado hacía unos días en el horno familiar.
Aquel pan blanquecino estaba más bueno cuantos mas días pasaban de su cocción,podía haber hasta quince panes, en la artesa, tapados con la manta a cuadros marrones y blancos, dormidos a la espera de acompañar algún exquisito manjar ,en los largos y fuertes desayunos típicos de los pueblos castellanos.

Los días del verano son muy largos, había tiempo para leer con los primos, algo mayores que yo, me dejaban sus libros, descubrí entre sus páginas protegidas por tapas azules y duras , al gigante Polifemo con su único ojo, al valiente Ulises que caía en innumerables trampas mientras su amada Penélope tejía y destejía …aquel gigantesco caballo ,con su vientre lleno de hombres, y el casi indestructible Aquiles, todos ellos paseaban por la fresca sala en aquellas horas de la siesta donde la temperatura era tan alta, que si no era preciso, lo mejor era mantenerse a la sombra ,como hacían los innumerables ganados de ovejas que en lugares cercanos a la aldea bajo la sombra de los espinares o sabinas dormitaban rumiando, vigilantes los perros de pastoreo , el pastor aprovechaba para venir a comer a casa ,a cambio de ello, ovejas y pastores pasarían la noche al raso, a la fresca, a esas horas y por la mañana temprano es cuando se alimentaban.

Marcial la fuente Estefanía , también sabía de esas horas de siesta no dormidas ,forajidos ,cantinas, bailarinas de salón, colts45...esperaban para saltar de las páginas de mis novelas de vaqueros,pasando por mis manos a un ritmo tan rápido como el más audaz vaquero del oeste.

¿Cómo conseguía una niña de diez años en una aldea perdida estas novelas? la clave era Nicolás.

Una institución Nicolás, tenía montones de ellas, unas viejas, otras más nuevas ,la mayoría conseguidas en el cambio en los mercadillos,practica que también haría yo con el paso de los años.
Y como si fuese cosa de família ,su tío, el todavía más viejo Nisio ,era otro de los pilares de la escasa vida social aldeana. En su portal nos reuníamos toda la chiquillería y jóvenes de la aldea , aquella amplia estancia,de suelo empedrado había visto pasar generaciones de críos...¿qué tendría aquel viejo que tanto nos gustaba ir a su casa? ¿qué nos contaría? No lo recuerdo, pero tenía tiempo y escuchaba, ese debía ser su secreto .

Al atardecer ya casi oscureciendo salíamos a la fuente nos sentábamos alrededor del banco que la circundaba o mejor dicho que circundaba su poza de agua , ya que el agua sobrante del depósito salía libremente, por un caño plomizo, y formaba una especie de abrevadero para las caballerías, algún verano, ese polifémico ojo estaba seco, de no ser asi el sonido del agua al caer , rompía el silencio veraniego, de la incipiente noche.



Con la caída de las ultimas luces del día ,lejos de adormecerse la vida de la aldea ,se avivaba, los cascos de los caballos sobre el pequeño puente que salvaba el riachuelo retumbaban y se hacian audibles por todas los rincones, los agricultores regresaban ,sus cargas verdeaban , alfalfa ,remolacha verduras,todo ello regado por el Cabriel.

Los pastores, con los ganados, ovejas y pequeños corderos saludaban con sus balidos al pasar hacia los corrales más próximos .


El roce de las espigas del trigo o cebada, sobre las albardas de las caballerías anunciaban la llegada, de los segadores, se dirigían a los pajares con su carga amarillenta, reseca ,pajiza, como sus rostros ajados por el duro día soportado.

Las mujeres con sus cántaros y botijos a recoger agua ahora que refrescaba y aprovechaban para charlar un rato..

Y nosotros los niños, riendo, gritando, despreocupadamente, tramando algo para el día siguiente .

Todos componíamos los sonidos de una maravillosa orquesta veraniega con sus alegro vivace en una melodía in cresccendos...llenando de vida los atardeceres de cualquier anochecer del verano.



Al día siguiente tendríamos nuestro da cappo...quizás cazáramos renacuajos en la rambla que serpenteaba cercana al caserío ,metidos hasta los pies, calzados con zapatillas , eso si ,no es lugar para sandalia descubierta ,es tierra de víboras.

Los renacuajos escapaban hábilmente de nuestras manos e incluso de nuestra vista ,pero cuando lográbamos atraparlos, los metíamos en botes de metal ,los de la leche condensada, que eran los más habituales, esperábamos hacer nuestras crías, las dejábamos en un lugar cercano y tapados con losetas, he de decir que no conseguimos criar en cautividad.

Nunca nos aburríamos, cuando nos cansaba un juego ,pasábamos al siguiente ,alternábamos actividades lúdicas de niños con otras propias de los mayores ,como era el caso de segar espliego u ontina, plantas aromáticas que se criaban por las montañas cercanas y después simulando a las enormes calderas y alambiques que se instalaban para sacar su esencia...preparábamos las nuestras, como diversión no estaba mal, pero nuestro perfume a espliego nos duraba poco sin estropearse, nos faltaba el alambique.

De mis veranos en la aldea de mi padre ,guardo recuerdos cálidos, la montaña, el río , el trigo , mis tíos, primos, los primos de mis padres ,personas que algunas ya marcharon, aunque no del todo , mi memoria las vuelve a la vida.
Cuando regreso para visitar a la familia, no encuentro ni rastro de este tipo de vida tan a familiar aunque dura, muy dura.

Los vecinos que quedan cerraron sus cuadras, vendieron sus mulos y yeguas , ya no hay caballos que corren trabados de sus patas delanteras por los cercanos prados ,el trillo supongo que estará atado en la pared del pajar posiblemente desdentado por el paso del tiempo, el pobre dejó paso a la cosechadora que ya saca la paja por un lado y el trigo directo a los sacos, en las eras ,crece un tupido césped natural de soledad y abandono.

El sonido del agua de la fuente enmudeció en honor a las modernas medidas de salubridad y por la falta de caballos para abrevar, se cambio el estilo de aquella fuente amiga ,encalada con su tejadito para resguardarse más quizá de los rigores del invierno que del verano, pegadita a la escuela con suelo de madera con mapas de España colgados de las paredes,con el armario cerrado que guardaba el compás de madera y las figuras geométricas.

En aquella escuela a la que acudí algunos días de finales de junio , cuando llegábamos, todavía tome algún botellín de leche americana, que yo vaciaba en mi vaso de plástico rosa con bordecito salmón .
Crecidos los niños, marchó la maestra, se cerró aquel edificio de enseñanza y se convirtió en una pequeña capilla...

Las casas muchas cerradas, todavía nos dejan constancia de sus gentes, cada una guarda ,las vivencias de sus moradores, cada una puede protagonizar una historia, todas ellas formaban la historia de la aldea.

La casa de la Tia Visitación ,la Posada, la casa de Vicente Moro, que digo yo que le dirían así porque era muy moreno, yo solo lo ví una vez, y muy moreno si me pareció, la casa del Tio Domingo ,bueno este tenía dos, y una de ellas parece ser en la que habitó cuando era joven con su esposa, tenía la puerta de un color verde esmeralda, era imposible que no nos llamase la atención al pasar . Alguna vez lo vi salir de allí lo miraba con atención intentando averiguar que habia dentro ¿qué guardaba??? Entonces me intrigaba ,hoy creo que recuerdos, los suyos.

El tío Domingo , era guardia civil jubilado ,siempre hubo de estar jubilado o yo toda la vida lo conocí asi,tenía un huerto que parecía el jardín de las delicias ,más de una vez salimos corriendo de él, con los bolsillos llenos de ciruelas y el detrás de nosotros soplando, que no gritando, cuando se enfadaba ,Domingo soplaba.

La casa de la de la tía Andrea, a la que jamás la conocí…pero era la protagonista de una leyenda urbana, o rural mejor dicho, yo no se quien era pero me daba miedo hasta pasar por alli, incluso mentarla, la de la tía Dionisia y el tío Rufino matrimonio muy mayor con muchos hijos y casi todos con brecha de locura en su mente, aquello era un drama ,tenían sus temporadas tres de ellos habían estado en aquellas instituciones llamadas manicomios ,su paso por allí los había dejado en un estado de tranquilidad altamente sospechosa y una sonrisa helada en los labios.

Mas alejada, en la carretera estaba la casa de Palmira que era una especie de curandera o maga que creaba pociones y terminó elaborando una línea de cosméticos, llegaba en verano con su hija y la sobrina del chofer, para nosotras eran las chicas de Barcelona, las Montses ,ya que así se llamaban ambas.

Y por supuesto la casa de mis abuelos y luego de mis tres tíos y de mi padre, custodiada por el "hornete", u horno familiar y al otro lado por un enorme montón de piedras, parece ser que las prepararon para seguir construyendo y se olvidaron de ello, nunca he preguntado que pasó, creo que debería .Con tanto tío, tanto real como vecinal, la aldea era una gran familia.

Las casas y las cosas que yo viví forman parte de un puzzle que en momentos como este, al tirar de una pieza, se recolocan las demás y forman un bonito mosaico de historia, de una historia de colores ya desvaídos, una historia en sepia, en ocres en amarillos ,como el color de las espigas de trigo,como el color del verano.

2 comentarios:

Artaldeluna dijo...

No te sacudiste del todo el polvo de las sandalias cuando dejaste por última vez el pueblo, su fuente, sus casas, sus eras y cercados.

Lo sigues levantando sabiamente cuando el viento es favorable... nos es favorable ahora a todos... tu polvo y tu viento, tus recuerdos que ahora son también nuestros.

Sabes, ahora sorbemos todos una poco en el vaso de plástico rosa con el borde salmón, con aquella (supongo) leche americana que tantos regustos permitió a los niños de una España rara.

Ahora compartimos, contigo y entre todos, alguna de aquellas hogazas de tu abuela, cada día más buena por el tiempo que hace que las coció...

Gracias bonita, los que no tenemos ni pueblo ni era, nos sentimos ahora contigo, un poco más vivos, volando sobre el trillo con viento favorable...

Gracias pequeña y... Feliz Navidad con todos mis mejores deseos para el año que prontito amanecerá.

Federacio Valenciana Sant Antoni Abat dijo...

Muy buena entrada.
Nosotros hemos publicado un entrada sobre el proceso de siega y trilla, ya que vamos a realizar la recreación de esta actividad en Aldaia, el dia 20 de Julio.
Si te interesa puedes visitarnos:

http://federaciovalencianasantantoni.blogspot.com.es/

Somos la federación valenciana de la fiesta de san antonio abat, y tratamos de promover y divulgar esta festividad, con el fin de conseguir la máxima calidad y aceptación, y organizar cualquier tipo de actividades culturales, tradicionales y populares con el objetivo de dignificar y conservar la Festa de Sant Antoni Abat, integrando a todos los municipios y creando un espacio que de cabida a la tradición y cultura del mundo del carro.
Tambien tratamos de recuperar antiguos oficios, que poco a poco están quedando en el olvido, y sacarlos a la calle para que no se pierda su tradición.